Jinetes en la tormenta

Año 2022 y seguimos sin entender…

Es lógico, tantos años se le ha dicho a la humanidad lo que tiene que hacer, que ahora solo espera órdenes. Cuando alguien, históricamente, ha encontrado la coherencia, el amor, el sentido común; la sociedad lo ha eliminado como quien pisa a una cucaracha que cree sucia e intrusa en su cocina inmaculada.

Todos esos rebeldes, renegados, locos, poetas de la vida, que vivieron acorde a quienes eran han sido anulados una y otra vez.

Entonces desde el principio de superviviencia, ahora, ya nadie sabe quién es, ni por qué, ni para qué… ¿El precio?.

Impagable.

La incoherencia se paga con sangre, sudor y lágrimas. Mientras piensas que te estás salvando, estás muerto en vida, estás sufriendo un dolor que, cuando seas consciente, no podrás soportar.

Físicamente la incoherencia hace que tus latidos del corazón latan desacompasados, no concuerden con tu respiración, con tu sangre recorriendo tu cuerpo, con tus órganos cumpliendo sus funciones, te conviertes en una orquesta sin sentido del ritmo. Luego te desconectas de tu medio, de la tierra en la que vives, te pones etiquetas de costumbres, reglas, territorios, ideas preconcebidas por otros, líneas trazadas por otros, culturas establecidas por otros…. Luego miras a los tuyos y ya no son tuyos, están tan desconectados como tú.

Tu medio ya no es tu medio, y te hinchas y te ahogas como una ballena encallada en la orilla.

Ya no puedes respirar, ya no puedes con tu humanidad. Entonces compras de nuevo lo que te venden, para ser aceptado, para salvarte, pero eso ya no te salva de nada, al revés, te acaba de hundir aún más, tu cuerpo colapsa, tu mente necesita antidepresivos, tus corazón está roto, pero te aferras a esa triste existencia de mentiras para poder seguir, de cualquier manera, pero seguir…

Y cada vez es peor; buscas algo, alguien que te salve, y no hay, la incoherencia te mata.

¿Y sabes lo que es peor?

Que te mata sin matarte.

Porque la muerte no es más que un cambio de consciencia, pero la vida sin consciencia es la peor de las muertes.

Cuando era pequeña no entendía nada, no entendía por qué no hablábamos todos los idiomas, por qué no escogíamos las costumbres que más nos gustaban y las adoptábamos, por qué no podíamos vivir dónde quisiéramos, por qué trabajábamos de cosas que odiábamos, por qué alguien decía este es mi país y éste no, por qué pasábamos las fiestas con gente que no nos caía bien, por qué insistíamos en hacer todo lo que no queríamos…

Me decían que algún día lo entendería, pero crecí escuchando a Lennon, a Morrison, a Marley, a García, a Joplin, a Tyler, a Jagger, etc; crecí no pudiendo digerir la comida y tuve que aprender a nutrirme de cero; crecí sintiendo el desprecio de mis pares; crecí con corazones rotos, hechos trizas; crecí sintiendo la incondicionalidad del amor y la “condicionalidad” del humano; crecí con la muerte a mi lado; y entendí.

Pero no entendí lo mismo.

Entendí que estoy aquí para experimentar la mejor de mis vidas (hasta la próxima); que mis fiestas las paso con quién amo y me ama; que si alguien no le gusta cómo soy hoy, que no se preocupe, que mañana seré otra, y sino, pues hay muchos peces en el agua; que si queremos cambiar algo y no empezamos por nosotros mismos… mal vamos…

Antes los jinetes se mataban, o los mataban, cuando entraban en las tormentas.

Ahora, ya no, ahora los jinetes pueden cabalgar través de la tormenta.

Y cito a Jim:

Hazle entender
El mundo depende de ti
Nuestra vida nunca terminará
Tienes que amar a tu hombre
Jinetes en la tormenta

Make him understand
The world on you depends
Our life will never end
Gotta love your man
Riders on the storm

Con Amor

~ Ara

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